viernes, 12 de septiembre de 2014

Iglesia de Ntra Sra de la Asunción.......¿y San José?. Un error a la hora de denominar al templo de Zalamea la Real.


Desde hace ya bastante tiempo se viene cometiendo un error de bulto a la hora de denominar al que quizás sea el elemento patrimonial más importante del núcleo poblacional de Zalamea la Real: la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Son ya innumerables las citas realizadas en pregones, boletines, noticiarios, convocatorias, artículos, pasquines y folletos informativos donde al nombre de dicho edificio (Nuestra Señora de la Asunción) se le añade el apelativo “y San José”. Permítanme decidles que es grave traspiés historiográfico.
Históricamente, desde sus inicios, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se ha denominado de tal manera, sin el apelativo al Santo citado que ahora se utiliza. Sabemos que ya en las Reglas de San Vicente de 1425 se cita, sin nombre alguno,  a "la Iglesia de las dos naves" que bien podía ser la génesis de nuestro actual Templo (aunque aún no tenemos documentación que pueda confirmar esta hipótesis). A partir de entonces, en cualquier documento custodiado en nuestro Archivo Municipal, el Archivo del Obispado de Huelva, o el Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla (entre otros), podemos comprobar como históricamente el principal templo religioso en Zalamea la Real se denominó “de nuestra Señora de la Asunción” y, por consiguiente,  ese apelativo (“y San José”) nunca aparece.
El "Asuncionismo" estuvo muy presente en las tierras del Reino de Sevilla desde su conquista por Fernando III el Santo, gran devoto mariano. Y la advocación de la Asunción de María en los templos estuvo muy extendida. Probablemente con la integración del lugar  de Zalamea al alfoz de la iglesia sevillana, el culto asuncionista llegó a estas tierras, dando nombre a la primitiva iglesia de la villa.
No hay más que echar un vistazo a la documentación existente para comprobar este hecho. Usamos varios ejemplos:
-         El informe del Visitador General del Arzobispado en 1698 la describía diciendo …que la iglesia de nuestra señora de la asumpción consta de tres naves cuios techos son de madera….
-         La denominación usada en el documento episcopal …Razón que se pone en la secretaria de cámara de este arzobispo mi señor de la visita celebrada por el señor D. Gonzalo Joseph Osorio y Herrera canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana y patriarchal de la ciudad i visitador general de este Arzobispado sede vacante de la fabrica y demás obras pías fundadas en la Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asumpcion -         de la villa de Zalamea la Real de tiempo de cuatro años desde el primero de henero  de 1718 hasta fin de diciembre de 1721.
-   Un cuarto de siglo más tarde, en 1725, el visitador Andrés Masnuzio la describía diciendo ...visite su Iglesia Parrochial dedicada a Ntra. Sra. de la Asumpcion donde después de leído el edicto de pecados públicos…
-  En 1785, el Visitador General del Arzobispado, hacía una somera reseña del edificio: ...tiene una Iglesia Parroquial dedicada a Ntra. Sra. De la Asumcion, la cual es fuerte primorosa,…
-  En la “Estadística General de la Parroquia y curas con los demás eclesiásticos pertenecientes al Arciprestazgo de Zalamea la Real” de 1874 se dice que la Parroquia principal es la “Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
-         La Hermandad de los Servitas de Zalamea la Real, según cita en sus reglas,  …celebraría los cabildos en el Coro de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
-         Aparece inscrita como “Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción al ser declarado monumento BIC en el BOJA de 12 de febrero de 1994,  DECRETO 14/1994, de 18 de enero, por el que se declara bien de interés cultural, con la categoría de monumento, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en Zalamea la Real (Huelva).; y en el BOE de 1 de marzo de 1994, núm. 51, de 1 de marzo de 1994, páginas 6699 a 6700.
 Y siguiendo esta línea podríamos poner decenas de ejemplos.


No obstante, no es el único error relacionado con la nomenclatura que ha sufrido el edificio. Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1846-1850) cita a la iglesia de Zalamea como la “Iglesia Parroquial de Santa María de Gracia”; habla de la existencia de un “Beaterio de Carmelitas Calzadas de la Virgen de Flores”; o de la presencia de la “Ermita de la Virgen de España y la Ermita de la Coronada”, entre otros desaciertos (no olvidemos que la Iglesia de Santa María de Gracia, así como las Ermitas de la Coronada y la Virgen de España pertenecen al término del vecino pueblo de Calañas).
¿Donde  puede estar el error? Como se indicaba al inicio de este pequeño artículo, es en los últimos tiempos cuando el sobre uso de este erróneo apelativo se ha generalizado, aunque podemos indicar que las primeras referencias a este caso surgen tras la Guerra Civil.  Poco después del incendio de la iglesia producido el 19 de julio de 1936, se comenzó su restauración. Poco a poco se fueron comprando enseres e imágenes para dotar al templo. Una de ellas fue la de San José, encargada por José María Lancha Vázquez, alcalde de la localidad  entre 1937 y1939 y  gran devoto del santo, al escultor de Higuera de la Sierra, Sebastián Santos Rojas. El estatus político del alcalde y gran terrateniente del pueblo y la categoría de la escultura y del escultor pudo crear, en el ideario de la feligresía, y esto es una mera hipótesis,  el uso cotidiano del nuevo apelativo a la hora de citar a la Iglesia. Antes del incendio ya existía una escultura del santo, ubicada en el mismo lugar. Era una de las más de 20 tallas que tenía el templo. Y tanto antes como ahora, nunca ocuparon un lugar principal en el Templo como para denominar a éste como Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y San José.

José Manuel Vázquez Lazo

jueves, 27 de marzo de 2014

Los faroles de José Marino Román, luminarias de Cristo Crucuficado: Cristo de Burgos, Cristo de la Buena Muerte (Hermandad de Hiniesta) y Cristo de la Sangre (Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real).


Santísimo Cristo de la Sangre (Zalamea la Real)
Entre los años 1939 y 1944 la iluminación del paso del Santísimo Cristo de Burgos consistía en cuatro grandes faroles de original diseño, realizados en  madera oscura con aplicaciones de metal plateado (según las informaciones que hemos encontrado, aunque como veremos después, se trate de aplicaciones de madera tallada y dorada).
Estos faroles figuraban en la primera concepción de la canastilla estrenada en 1939; por tanto son obra de José Merino Román, la cual era más estrecha y sin el moldurón que, posteriormente tallase Antonio Martín Fernández en 1958.
Los faroles son del llamado “estilo renancentista”, constando de una base circular con molduras cóncavas y convexas elegantemente dispuestas.  Sobre cuatro columnas abalaustradas se sostiene una moldura mixtilínea, rematada con una crestería coronada, a su vez,  por dos sierpes que sostienen una antorcha entre sus cabezas.
Estos motivos mitológicos eran muy queridos por José Merino; no en vano es uno de los artistas más reputados de Sevilla en la construcción de atauriques, burgueños y muebles suntuosos que aún adornan las consultas de profesionales liberales de nuestra Ciudad.
En 1944 la Hermandad adoptó el uso de cuatro grandes hachones en lugar de los fanales, posiblemente por influencia de la severa iconografía del Cristo del Calvario. Igualmente José Merino finalizó los respiraderos tallados de la canastilla.
Desde 1909 el Crucificado del Calvario procesionaba en un paso obra del tallista conocido como Maese Farfán (Francisco de Paula Farfán Ramos), utilizando cuatro hachones en lugar de los habituales candelabros de guardabrisas o faroles de gran formato (a veces iluminados con luz eléctrica), con la ambición estética de otorgar a la Imagen de Jesucristo muerto mayor severidad y patetismo.
La Hermandad de la parroquia de San Pedro no fue ajena al poderoso influjo que ese nuevo recurso otorgaba y, así, adoptó los cuatro hachones.  La ampliación de la portada parroquial que preside la estatua del Príncipe de los Apóstoles en 1945 favoreció nuevos cambios en la canastilla; a saber: la ampliación del canasto en 1958 con un nuevo moldurón y pequeñas cartelas en 1958 y los faroles de plata de Armenta.
Cristo de Burgos (Hermandad del Cristo de Burgos,Sevilla)
La hermandad los entregó o cedió a la Hermandad de la Hiniesta para el paso del Cristo de la Buena Muerte, el cual tampoco resultó ajeno a la iconografía antes reseñada del Crucificado de la Madrugá y los sustituyó un lustro más tarde por los hachones de cera virgen color tiniebla.En el caso de la Hiniesta estos faroles sustituyeron a otros anteriores metálicos pero de menor formato. 
Poco después, los faroles de Merino Román fueron adquiridos por la Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real, con toda seguridad,  a inicios de la década de los 50. La hermandad zalameña se había reorganizado a mediados de los años 40; y tras la pérdida de la práctica totalidad de sus imágenes procesionales y sus enseres en 1936, los hermanos fueron adquiriendo poco a poco, su nuevo patrimonio. Una de las primeras imágenes sería la del Cristo de la Sangre, imagen de Cristo Crucificado, obra del autor sevillano Antonio Bidón Villar, que procesionaría en la madrugá zalameña (e incluso a la espera de la llegada de las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno-obra del zalameño Manuel Domínguez Rodríguez- y del Cristo Yacente -de Rafael Barbero- se le rindió culto el Jueves y el Viernes Santo como rinde la tradición en Zalamea la Real ) . Fue así cómo los faroles de Merino Román, tras iluminar las imágenes hispalenses del Cristo de Burgos y del Cristo de la Buena Muerte de la hermandad de la Hiniesta, volvieron a iluminar una imagen de Cristo en la Cruz: El Cristo de la Sangre de Zalamea la Real, cuya tradicional procesión en la madrugada del Viernes Santo se viene desarrollando desde la fundación de la Hermandad de la Vera Cruz zalameaña en 1580.
A pesar de la escasa disposición documental del archivo de la hermandad zalameña, confirmamos a través de fotografías, de algunas entrevistas y, sobre todo, de la efímera vida de los faroles en el paso del Cristo de la Buena Muerte de la hermandad de la Hiniesta (que ya a inicios de la década de los 50 sustituye los grandes faroles de Merino Román), la cesión de los fanales a la hermandad onubense por parte de su última propietaria.
En este sentido, y a diferencia de lo estimado por las Hermandades del Cristo de Burgos y de la Hiniesta, que decidieron sustituir la iluminación de sus titulares sustituyendo los grandes fanales por hachones, ante la influencia de la Hermandad del Calvario, en Zalamea se dio el paso contrario: los pequeños hachones que iluminaron el paso es sus primeras estaciones de penitencia se sustituirían por los imponentes fanales de Merino Román, dando esplendor al paso, y cargando de luz la oscuridad de las calles de la localidad en la madrugada.
Cristo de la Buena Muerte (Hermandad de la Hiniesta-Sevilla-)
Indicar que la disposición de los faroles en el paso procesional del Cristo de la Sangre de Zalamea la Real ha variado en alguna ocasión, puesto que aunque generalmente se disponen tal como se usó por la Hermandad del Cristo de Burgos (totalmente alineado con las formas del paso), en alguna ocasión, y en función del prioste de turno, se colocaron girados 45° , con las aristas de frente (como hacía la Hermandad de la Hiniesta, alineando éstos con los chaflanes  de la canastilla del paso del Cristo de la Buena Muerte).
La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, del autor zalameño Manuel Domínguez Rodríguez, y a la espera de la terminación de los faroles que actualmente le acompañan en sus estación de penitencia (obra del mismo autor), también fue acompañado en alguna ocasión por los fanales de Marino Román.
En el año 2004 los faroles de Merino Román volvieron a iluminar a su inicial titular, el Cristo de Burgos, en su altar de Quinario dispuesto en la Iglesia de San Pedro.. La Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real los cedió gustosamente a la Hermandad del Cristo de Burgos para este cometido, recomponiendo de este modo el paso que saliera a finales de los años 30.
En el año 2010 los faroles sufrieron su última restauración por parte de los artesanos locales Manuel Millán y Bernabé Romero.
No obstante el modelo creado por José Merino no cayó en el olvido sino que su impronta queda manifiesta en los faroles de plata, ubicados por delante de los candelabros de cola, en el paso de palio de María Santísima de la Angustia, de la Hermandad de los Estudiantes. Estos faroles procedían del diseño original de Emilio García Armenta para el palio pero, por al fallecer este maestro orfebre, el encargo fue realizado por los Talleres de Viuda de Villarreal en 1974.
Igualmente podemos encontrar reminiscencias de los mismos en los faroles de escolta de  la Cruz de Guía de la citada corporación de la Hiniesta.  En esta ocasión los fanales alternan, jugando con la alternancia de los materiales de la canastilla que diseño Cayetano González y talló Antonio Martín, estrenada en 1972, madera de caoba y plata: estos faroles fueron diseñados por Antonio Dubé de Luque.

Noviembre de 2012
Manuel María Ventura
Archivero de la Hermandad del
Santísimo Cristo de Burgos y
Madre de Dios de la Palma
Sevilla

José Manuel Vázquez Lazo.
Historiador.
 Zalamea la Real (Huelva)





sábado, 11 de enero de 2014

San Vicente Mártir vuelve a Zalamea. 75 años de una festiva tarde de enero.


Hace 75 años, la nueva imagen de San Vicente Mártir llegaba a Zalamea la Real en verdadero olor de multitudes. El regreso de la talla del Santo Patrón de la localidad para su veneración fue un reseñable acontecimiento en la vida civil y, por supuesto, religiosa de una localidad que se desangraba entre el hambre, la represión y el miedo del tiempo de posguerra. El día 19 de julio de 1936, a pesar del incesante empeño del último alcalde republicano de Zalamea, el socialista Cándido Caro, por evitar el incendio de las ermitas y la iglesia, se perdió el legado material de dichas construcciones entre las llamas.



No obstante, y a pesar de la pobreza en la que estaba inmersa la localidad y la miseria que envolvía a viudas y huérfanos, el tristemente recordado sacerdote José María Arroyo Cera, el Breva, logró levantar en un corto periodo de tiempo todo aquello que el fuego había arrasado meses antes. El día 7 de diciembre de 1936, Vísperas de la Purísima, se abrían las puertas al recién remodelado templo. El siguiente paso sería encargar las imágenes que habían sido veneradas históricamente en el pueblo. Entre ellas, por supuesto, la del Patrón.

Habitualmente se ha mantenido en el ideario popular la idea de que el Santo Patrón fue la primera imagen que llegó a Zalamea tras los incendios. Realmente no fue así. Sí es verdad que la parroquia encargó inicialmente dos imágenes: la Divina Pastora y San Vicente (además del retablo de la iglesia). Así en 1937 llegaron las dos primeras tallas, la Divina Pastora y San José, ambas de Sebastián Santos Rojas. En 1938 llegaría otra de las imágenes destacadas, el Crucificado de Antonio Bidón. Y sería en 1939 cuando llegó la imagen de San Vicente. Entonces ¿por qué esa idea asumida históricamente por las gentes de Zalamea de que la talla religiosa que llegó al pueblo fué la del Santo?La única explicación que se le puede dar es la veneración que en la localidad se le tuvo (y se le tiene) desde 1425 a San Vicente Mártir. Si las tallas llegadas con anterioridad no estuvieron envueltas en grandes festejos, San Vicente colmó las ansias religiosas de muchos zalameños quedando desmostradas en su regreso a Zalamea la tarde del 15 de enero de 1939. La imagen había sido encargada al escultor Agustín Sanchez-Cid Agüero (médico y catedrático de Anatomía Artística de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla), y había sido costeada por Jaime Sanchez Romero en memoria de su fallecida esposa Amparo González Pérez de León.

Arroyo Cera, el Breva, relató pormenorizadamente aquel acontecimiento en las páginas de su Boletín parroquial:

“Si hubierais visto aquella tarde del 15 la alegría de nuestras calles; aquí gorros de regulares, allá los relucientes galones de un sargentillo, recién estrenaos que parecía un general de brigada junto a su novia, que con sus mijitas de pirrichi en los labios y sus ojos brillando de emoción se creía la pobrecilla casi, casi Maruja Queipo de Llano…”

La parafernalia militarista envolvía las palabras del sacerdote que, para la ocasión, ejerció como Hermano Mayor de tan antigua Hermandad:

“…allá los guerreros de infantería llenos de gloria en mil victorias, pero que la mamaita ha tenido que lavar y planchar a to meter siquiera, siquiera para que no salieran en la procesión los trimotores y asustaran al respetable público. Y aquel de caballería que iba por el acerado de nuestra plaza haciendo muy solemne chin chin, como si fuera el general Silvestre ¡que hubiera resucitado!”.

Para tan insigne acontecimiento, el sacerdote había enviado más de 400 cartas a los mandos militares de toda España  donde se encontraban sirviendo soldados zalameños. No olvidemos que la guerra aún no había acabado, así que tan solo se permitió el permiso a 76 soldados que llegaron con cuentagotas entre los días 15 y 22 de enero.

Ciertamente aquella tarde de enero debió de postularse como una verdadera fiesta, a pesar  de los pesares post-bélicos. El pueblo se trasladó al “Punto” a esperar la llegada de la talla de Sánchez Cid. El cielo amenazador de lluvia, propio de las fechas, zanjó las precipitaciones a eso del mediodía, cuando a partir de entonces parece ser que no cayó ni una gota, más allá de las lágrimas de los muchos que allí se acercaron. La imagen fue bendecida por José María Arroyo Cera, que estuvo acompañado en todo momento por Ruiz  y Camacho. De ahí se trasladó inicialmente al Ayuntamiento, a hombros de la soldadesca zalameña, por una férrea obsesión de José María Arroyo, que no dudó en ningún momento en convertir un acontecimiento civil y religioso de nuestro pueblo en un paseo militar por las calles de Zalamea (el paso, obra del mismo autor, había sido sufragado por subvención popular). Allí se hizo un primer descanso “mientras se cantaba el himno del Santo y Venancio con su pelliza nueva y una túnica nueva también tiraba sus famosos cohetes”.

De allí a la iglesia, donde se le tocó el que ya se había decretado como himno nacional por los golpistas, y donde se iniciaron los rezos y plegarias por parte de los zalameños. La novena se “celebró a gran orquesta, presidiendo y haciendo los honores de nuestra Hermandad nuestros soldados, durante la cual se recibió en el templo la noticia de la conquista de Tarragona (por las tropas franquistas), desbordándose el entusiasmo y organizándose una manifestación muy llena de entusiasmo” recogía el Correo de Andalucía para describir el acontecimiento.

A partir de entonces, la festividad del Santo se celebró como de costumbre. Novenario, Besamanos al Patrón y Procesión. Así, el acto del Besamanos debió ser multitudinario, pues según se indica, duró tres horas (por lo que intuimos que por allí pasó todo el pueblo). A ello se unió un refresco en el Ayuntamiento a iniciativa del capitán Antonio Mantero, “donde se cantó todo lo militar y religioso que amamos, luciendo su arte Peñita, Valero y Urbano” decía José María Arroyo.

Para terminar los actos lúdicos de ese mes de enero de 1939, se llevó a cabo una función de teatro representado por los niños y niñas de la Acción Católica,  de nuevo en honor de los militares, con la obra “El Modernismo y España”.

La procesión del día 22 fue el punto álgido de las celebraciones, donde “el Santo fue parando en la casa de todos los que dieron su vida por Dios y por España”, olvidándose en cura Arroyo, Hermano Mayor, de dar consuelo con la presencia de la imagen a esos otros zalameños que dieron su vida por el pan de sus hijos y las libertades democráticas. Tiempo complejos cargados de personajes oscuros.

No obstante, y olvidando por un momento los entresijos que envolvían a este tipo de actos religiosos, del que la España Nacional hizo buen acopio para su causa, los zalameños, en el mes de enero de  1939, vieron con buenos ojos la vuelta de la imagen que se veneraba desde hacía más de cinco siglos en nuestra Zalamea.  El Santo Patrón San Vicente Mártir volvía a pasera por sus calles antes de volver, como de costumbre, entre cohetes y luminarias, a su ermita más allá del Sepulcro. Las lágrimas y llantos, los rezos y plegarias, la ilusión y la esperanza envolvieron a esa difícil Zalamea  de posguerra con la vuelta de ese San Vicente que muchos de los presentes no dudaron en decir, al ver la nueva talla de Agustín Sanchez Cid, “ese es nuestro San Vicente”.